Pero para la astronomía y también la geología, entre otras ramas de las ciencias que estudian el pasado y la historia evolutiva de nuestro planeta, los meteoritos son una fuente inagotable de información sobre qué pudo haber pasado en la Tierra, lo que nos permite explicar cómo hemos llegado hasta acá.
Entre los meteoritos y los meteoros hay una diferencia fundamental:los primeros son aquellos que entraron a la atmósfera y lograron alcanzar la superficie, y los segundos los que no. La palabra meteoro viene del griego (como muchas cosas en la astronomía porque esa gente tenía tiempo y condiciones lumínicas a favor y se dedicaron a observar un montón el cielo), y significa “fenómeno en el cielo”; y se refiere a los destellos que se producen por la incandescencia del material que entra a la atmósfera y que, por acción del roce con la atmósfera, se desintegra antes de tocar el suelo.
Todo el tiempo, mucho más de lo que nos imaginamos, están entrando cosas a la atmósfera, cosas que provienen de distintas zonas del sistema solar y que tienen distintos tamaños y composiciones químicas..También llegan con mucha frecuencia la superficie de la Tierra, sólo que la mayoría no son como los de las pelis o los libros, y no generan destrucciones masivas todo el tiempo (por suerte, o no, no sé).
Por supuesto nuestro planeta no es el único que sufre estos choques. Se sabe de meteoritos que chocaron con la Luna y Marte, por ejemplo. De hecho a la Luna le debemos una buena parte de la protección contra estos objetos, ya que con su gravedad atrae y desvía la trayectoria de objetos que podrían golpearnos pero que terminan impactando contra su superficie.
Actualmente hay más de 30 mil hallazgos de restos de meteoritos que están documentados, es decir que fueron encontrados y estudiados restos del meteorito original, ya sea un pedazo, un montón de pedacitos o simplemente el cráter que dejó.
En nuestro país tenemos un montón de lugares donde se encontraron restos de meteoritos, pero sin dudas el más famoso el el hallado en Campo del Cielo, una región ubicada entre Chaco y Santiago del Estero, donde hace unos 4000 años cayó una lluvia de meteoritos metálicos, provenientes de la explosión en la atmósfera de un meteoro que se estima pesaba 840000 Kg.
La presencia de estos restos en el campo tuvo un impacto recontra importante en las mitologías de las comunidades Qom y Wichi de la zona, que consideraban que ese era territorio sagrado. Para los qom se trataba de gotas de sudor del Sol, y ese campo era un lugar donde la Tierra y el Sol se encontraban íntimamente (quién no tuvo un amorío que le cayó como una lluvia de meteoritos alguna vez, ¿eh?).
La mitología de estas poblaciones nos permitió conservar un registro sobre la caída del meteorito, cosa que no siempre pasa, porque muchos de los meteoritos que estudiamos tocaron suelo muchísimo tiempo antes de la humanidad. Tal es el caso del famoso meteorito que se supone provocó la extinción de los dinosaurios, y también el caso de uno menos famoso que se cree golpeó contra las costas de la bellísima Mar del Plata, hace más de tres millones de años.
Los estudios realizados por geólogos de la ciudad, en colaboración con la NASA, indican que el supuesto meteorito pudo haber impactado cerca del arroyo Las Brusquitas, ahí cerquita de Chapadmalal. El problema es que se cree que cayó en el mar, por lo cual es casi imposible encontrar rastros del cráter que pudo haber dejado con el impacto, porque el agua no es amiga de la conservación, y la erosión que genera barre con casi todo.
La hipótesis más aceptada respecto a la historia de este meteorito es que su impacto estaría vinculado con la extinción de algunas especies, animales y vegetales, que habitaban la zona; pero también se cree que podría estar relacionado con la era glacial que vino después.
Si bien se encontraron restos de poco tamaño, color negro-verdoso y aspécto vítreo, no está determinado con precisión dónde cayó.El rastreo en el fondo del mar se hace a través de la identificación de sedimentos abundantes en sodio y potasio, elementos químicos que caracterizan a los restos encontrados.
Lo más raro en la historia de este meteorito, es que venimos estudiando sus restos desde 1865, cuando Florentino Ameghino encontró algunos restos que hoy sabemos son de este meteorito, pero que en su momento el bueno hombre creyó que eran parte de antiguas fogatas, dando lugar a la idea de que la zona había tenido veraneantes mucho antes de lo pensado.
Recién en 1998 el geólogo argentino Marcelo Zárate y sus colaboradores y colegas publicaron por primera vez la hipótesis del meteorito. Las investigaciones en torno a esta hipótesis son recontra relevantes, tanto que la NASA vino a poner guita para saber qué pasó, porque nos permitiría entender cómo era nuestro planeta antes y, sobre todo, después del impacto. Esto ayuda no sólo a saber cómo y por qué la Tierra evolucionó como lo hizo, sino también para estar atentos a lo que podría pasar si vuelve a caer un coso semejante.