Notas | Las nieves del tiempo

Las nieves del tiempo

El tiempo pasa, nos vamos poniendo vword... El domingo pasado volví a un estadio a ver una banda de rock, después de mucho (quizás demasiado) tiempo. En realidad no fui a ver una banda, fui a ver a Fito, enorme de toda enormidad. Pero posta que la banda es una maravilla (con un mínimo defecto: se olvidaron de entrar en un tema y Fito aseguró que iban a rodar cabezas…)

La cosa es que el show forma parte de la gira de los 30 años del disco más vendido de la historia del rock nacional y me puse a pensar… ¿ya pasaron 3 décadas? ¡¡Pero yo me acuerdo perfectamente cuando salió el disco y de “La rueda mágica tour”!! ¿Cómo puede haber pasado todo ése tiempo?

Y resulta que como dice el gran Pablo Milánes, el tiempo pasa… pero a diferencia de Pablo, no quiero usar acá la palabra esa para denotar a un individuo de edad avanzada (Vword). No quisiera ser tildado de gerontofóbico.

¿Qué pasa cuando pasa el tiempo por nuestro cuerpo, por nuestros órganos, por nuestras células? La ciencia tiene mucho para decir (como siempre) sobre el envejecimiento. Con el paso del tiempo (y las divisiones celulares), muchas células se vuelven inestables, más lábiles, con menor capacidad de funcionar como se espera. Hay cuestiones relacionadas con el propio material genético: los cromosomas tienen en sus extremos unas secuencias especiales (los telómeros) que se van acortando a cada vuelta de replicación celular. Llega un punto en que los cromosomas no tienen más telómeros, se vuelven inestables y las células mueren por estos cromosomas deficientes. También hay alteraciones en las organelas responsables de proveer energía a las células (las mitocondrias) y otras afecciones celulares. Todo para peor. Y si las células funcionan peor, los órganos que están compuestos por estas van a mostrar signos particulares. 

Así, por ejemplo, en el sistema tegumentario (todo lo que podes ver de tu cuerpo) se marcan los años. El pelo pierde grosor, cantidad, volumen, textura y elasticidad; y también cambia el color. Como Fito que pasó de su cabellera tupida y larga, muy larga, cuando presentó El amor… a una más conservadora y algo blanquecina. No es casualidad que los huesos del lugar en donde las primeras canas empiezan a emerger (al costadito de la cabeza, arriba de las orejas) se llame temporal. El hueso que nos marca el paso del tiempo. La piel, otro órgano del mismo sistema, es otra gran forma de ver el paso del tiempo. ¿Cuántas veces escucharon o dijeron “no se te nota la edad que tenes” a una persona con pocas arrugas? O al menos, menos de las esperables para su edad. Hay muchos factores que hacen envejecer a la piel, pero sin dudas dos de los más importantes son el sol y el humo del tabaco. Por eso, personas que por cuidado consciente o por condiciones de vida (laboral o personal) se mantienen alejados de esos factores van a escuchar bastante la frase entrecomillada de la pregunta anterior cuando lleguen a una edad avanzada. 

Otros órganos tienen otros problemas con el paso del tiempo. Cerebro, corazón, riñones, hígado, etc., pueden sufrir y complicar el funcionamiento del cuerpo. Especialmente si los órganos son castigados a lo largo de los años (¡¡si el hígado hablara como lo hace la piel de quienes fuman mientras toman sol sin protección!!). Por suerte, la ciencia y la industria de los medicamentos, fueron encontrando algunas formas de ajustar lo que anda medio flojo. Mi santa madre lo demuestra con sus 7 pastillas diarias para todo tipo de órganos. Pero, la verdad, la humanidad viene expandiendo una locura la esperanza de vida, con cuidados y pastillas. En 150 años pasamos de vivir unos 32 años y pico a más del doble, unos 73 años promedio en el mundo, una locura. 

Pero entre el envejecimiento y su combate, mientras nuestros cromosomas van perdiendo telómeros y nuestras mitocondrias fabrican menos energía, acá estamos. Y lo que hacemos mientras transcurrimos por este mundo va dejando huella. Nosotres, desde CFM, ya estamos dejando para la posteridad casi 400 episodios de podcast en medios digitales… ¡¡¡nada mal!!! Personalmente, tengo algo más. Entre las grandes alegrías que me dio el show de Fito, tengo que contar el haber ido en familia. Que mis hijos adolescentes se copen viendo ése show, que conozcan las canciones (o al menos la mayoría) y que nos comenten lo tremendamente bueno que estuvo (mientras volvíamos al auto abajo de una lluvia demasiado intensa para mi gusto) me completó la noche. Porque trascender es ir más allá de nosotros mismos, y qué mejor que compartir gustos y actividades con la siguiente generación. Y entonces, para ir cerrando, quería dejar algo que me viene dando vueltas desde hace tiempo en la cabeza, y que comenté el otro día en la radio. Uno de mis mayores sueños es que cuando llegue a ser un tipo mayor (mayor, mayor… se entiende sin la palabra esa que puede sonar ofensiva ¿no?) es encontrarme en una marcha en la ciudad, por la misma vereda por la que marcho hoy, pero rodeado de las 2 siguientes generaciones de mi familia (al menos). Ahí sí, voy a poder decir que nunca envejecí.

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