Notas | La violencia también discrimina

La violencia también discrimina

Las políticas de exclusión tampoco reconocen la igualdad. No se excluye a todos por igual. Las políticas de exclusión son un barco en hundimiento: mujeres y niños primero. Si quisiéramos que la metáfora fuera todavía más acertada, habría que agregar a las diversidades y extender “niños” hasta no menos que la adolescencia.

Uno de los triunfos más letales del capitalismo, y los defensores de esa fantasía llamada “libre mercado” (que de libre no tiene nada, a las pruebas nos remitimos), ha sido vendernos la idea de que todos podemos triunfar por nosotros mismos. Todos podemos ser nuestro propio jefe, dueños de nuestro devenir. No nos dicen que no vamos a, realmente, poseer nada realmente grande, ostentoso, lujoso nivel yate en Mónaco; ni siquiera se sinceran haciéndonos saber que nuestra más valiosa posesión es nuestro tiempo, nuestra vida. Que es una sola. Esta. No hay parte dos. 

Por el contrario, se ocupan de distraernos del valor de la vida reemplazandola por el supuesto valor de una enorme variedad de posesiones, siempre materiales: dinero, productos de alguna marca, el último modelo de algo. Comprá las zapas, cambiá el celu, tradeá, si no, sos un gil. 

Entonces, para acceder a algunas de esas cosas “valiosas”, para ser parte, para mostrar lo que valés, tenés que hacer lo que puedas, lo que sea, incluso en desmedro de tu propia vida, total no vale nada si no está adornada de productos y objetos, ¿no? 

Pero eso sí, hacelo por las tuyas, por tu cuenta, emprendé. Así demostrás (cabría preguntarse a quién) que sos un capo, que sos tu propio jefe, que sos autosuficiente, que solo podés, que no necesitás de nadie. Ni de la sociedad, ni del Estado, ni de tu familia, ni de tus amigos. De ningún “otro”. El libre mercado es un asunto solitario. No necesitás a nadie. Nadie te necesita. Especialmente cuando no sos de los que mueven los hilos de su supuesta mano invisible. Lo único que necesitamos, lo único que podemos desear, es consumir. 

Algo que tampoco te avisan es que alguien ya decidió por vos, alguien ya determinó qué vas a poder hacer, y qué no, para conseguir ese dinero o esos bienes. No es libre tu elección, aunque te vendan que sí. Alguien ya decidió por vos que para “hacerte rico” rápidamente tenés opciones limitadas: OnlyFans, apuestas online, trading crypto o algún que otro mercado ilegal, de esos que mueven toda la torta del mundo: la trata, las drogas o ambas. Esa torta de la que vos solo juntas miguitas, mientras otros se reparten las porciones.

Pero ya dijimos: la exclusión no excluye igual para todos. El techo de cristal y el piso pegajoso nos atraviesa a todas, en todos los niveles de poder adquisitivo y formativo. La asignación de roles distintos por género, la brecha salarial, la feminización de la pobreza, la desigualdad en el acceso a oportunidades, todo nos muestra que para las mujeres siempre es más difícil. Entonces no, no son las mismas salidas económicas para varones que para mujeres (manteniendo el binarismo con fines argumentativos). 

Tampoco se corren los mismos riesgos. En los cuerpos de las mujeres se conforman territorios de disputa. Nuestros cuerpos no son nuestros, son de cualquiera que un día decida “dar un mensaje” a través de ellos.

Cuando decimos que estamos hartas, no estamos refiriéndonos a cualquier varón que tengamos al lado, no es personal contra vos varón que estás leyendo esto, sabemos que no todos los hombres (aunque siempre un hombre). Estamos hartas de llorar a nuestras muertas, a otras mujeres con las que alguien quiso “dar un mensaje”. 

Compremos por un momento el discurso que parte de la prensa anda queriendo instalar, demos por un segundo el beneficio de la duda a esa postura de que hay víctimas buenas y víctimas malas. ¿Qué nos están diciendo? ¿que torturar y matar por stream a tres chicas es “dar un mensaje”? ¿si hiciste algo que a otro no le gustó tiene derecho a descuartizarte y descartar tu cuerpo en bolsas de basura? 

¿En serio los medios de comunicación (y buena parte de nuestra sociedad) solamente son capaces de llegar a esa conclusión pedorra? Si “andaban en cosa raras”, ¿está bien que hagan de su tortura y su muerte un espectáculo para “dar un mensaje”? ¿Está bien decir “se lo merecían” o “se lo buscaron”? ¿no nos vamos a preguntar por el entramado que posibilita la existencia y el sostenimiento de esas “cosas raras”? O peor aún, ¿Vamos a seguir sin reconocer que no andar en cosas raras tampoco es garantía de seguir viva?

Si tan sólo hubiera sociólogxs, psicólogxs, antropólogxs y toda esa gente de las “ciencias blandas” para promover un pensamiento, un análisis superador que nos ayude a salir colectivamente de tanta mierda… Ah, no, cierto: No hay plata. Para eso no. Para el Ministerio de las Mujeres, los programas de acompañamiento a las víctimas de violencia de género o la línea 144, tampoco. Qué convenientes los hilos cuando se trata de analizar y prevenir algo tan doloroso para algunos y tan funcional para otros.

Hartas estamos de tener que lidiar, además del dolor, con la indagación constante de explicaciones por parte de las mujeres: que si cancelamos, que dónde estaba la madre (nunca el padre), que por qué no hablamos de otros casos, que por qué queremos instalar “femicidio”. Hartas. 

Encima que somos carne del cañón capitalista, tenemos que hacer pedagogía, ser buenas docentes por la vida, dando explicaciones cuando un varón le da espacio a un misógino, cuando un compañero ningunea la lucha feminista, cuando nos silencian en nuestros espacios de trabajo, de estudio, de participación; y nos quieren hacer tragar sus explicaciones (que nunca cobran estatus de disculpas) de que no entienden cosas que no le pasan en el cuerpo (como si hiciera falta la experiencia sensorial y directa de la violencia para sumarse a construir una sociedad más empática).

Nos acusan y nos señalan que no tenemos sentido del humor, que no entendimos que era un trend, que el reel donde meten mujeres en bolsas es algo chistoso y no algo de lo que hacer un escándalo, mientras nos matan una piba cada 36hs. Hartas.

La verdad es que no, no vamos a hacer nada de eso. Usaremos nuestra energía, nuestro pensamiento, nuestro amor, nuestro humor y nuestra VIDA para seguir tejiendo y sosteniendo la sociedad en la que queremos vivir. Una en la que podamos vivir sin miedo a que mañana nos falte otra porque alguien decidió que su vida y su cuerpo le pertenecían. Vamos a poner el cuerpo y la voz para gritar cada vez más fuerte nuestros reclamos. Que no son reclamos por privilegios, como dicen algunos, son reclamos por justicia, reclamos por un mundo más humanitario, en el que las mujeres y las diversidades no tengamos miedo de existir. Pueden venir cuantos quieran, en el feminismo entramos todxs.

Nos vemos el sábado a las 16hs en las calles y las plazas!

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