Autor: Diego Hansen
Edición: Pula Alvarez
Adriana Garnier Ortolani es hija de Violeta Graciela Ortolani y Edgardo Roberto Garnier. Nació en enero de 1977 aunque no se sabe con exactitud dónde, se cree que pudo haber sido en el centro clandestino de detención “Pozo de Quilmes”.
Violeta Ortolani nació el 11 de octubre de 1953, después del fallecimiento de su madre, cuando ella tenía tres años, fue criada por su tía en el partido de Bolívar. Al finalizar sus estudios secundarios empezó a estudiar ingeniería química en La Plata, donde conoció a Edgardo Garnier, un joven nacido el 7 de agosto de 1955 oriundo de Concepción del Uruguay, Entre Ríos, quien se había mudado a la misma ciudad para estudiar ingeniería electromecánica. Violeta militó en la Juventud Universitaria Peronista (JUP) y Edgardo en la Juventud Peronista (JP), pero finalmente ambos se unieron a Montoneros, y se casaron el 7 de agosto de 1976 cuando ella estaba embarazada de tres meses. El 14 de diciembre de ese año Violeta fue secuestrada en el barrio de La Granja, en la ciudad de La Plata. Edgardo, quien estaba en Concepción del Uruguay, viajó para buscarla a ella y a su hija y fue secuestrado en la misma ciudad el 8 de febrero de 1977. Ambos continúan desaparecidos. Las familias de Violeta y Edgardo fueron de las primeras en hacer la denuncia en Abuelas.
En el año 2016, luego de la muerte de su madre adoptiva y de haberse enterado por medio de una tía que no era hija biológica de quienes la criaron, Adriana se acercó a Abuelas de Plaza de Mayo para hacerse los análisis, pero sin obtener una respuesta debido a que éstos dieron negativos. No fue hasta el 4 de diciembre de 2017, cuando se contactaron con ella desde la CoNaDI (Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad) para informarle que tenían nuevos resultados y que en este caso habían dado positivos.
Adriana vivió hasta los 37 años en un departamento del barrio de Monserrat, donde afirma haber tenido una infancia buena y feliz, pero donde se sintió siempre en soledad, sin saber si se debía a ser hija única o porque sus padres eran muy grandes y serios (ella aún se refiere a quienes la criaron como padres).
Sus primeros indicios de que podría no ser hija biológica de quienes la criaron fué en su infancia cuando, alrededor de los diez o doce años, le preguntó a su madre de crianza, Alicia, dónde había nacido. Ella le dijo que en Wilde, cosa que le resultaba extraña ya que ellos siempre se manejaban por capital, además de notar que titubeaba cuando contestaba y le hacía dudar de todo. Luego de la muerte de la madre, mientras charlaba con una amiga suya le dijo que sentía que era adoptada, a lo que la amiga le respondió “¿Si fueras adoptada qué pasaría?”. Fue la propia tía quien le dió la certeza de que no era hija biológica de quienes la criaron sino que éstos la fueron a buscar a una clínica en Wilde, por lo que fue a Abuelas de Plaza de Mayo acompañada por su mejor amiga.
Si bien en un principio los resultados no dieron positivos debido a que el mapa genético estaba incompleto, gracias al surgimiento de una nueva tecnología pudieron ampliar los marcadores y establecer un régimen de probabilidades distinto.
La restitución de Adriana se dió en un contexto adverso, con una falta de políticas de Derechos Humanos, declaraciones negacionistas y recortes presupuestarios en espacios de memoria. El entonces presidente de la nación, Mauricio Macri, definió como “curro” a la labor de los organismos de los Derechos Humanos, y el propio titular de dicha secretaría, Claudio Avruj, llegó a declarar “se acabó la etapa de derechos humanos para unos”. La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, recibió una carta del propio Macri en la cual le dejaba en claro que no iba a recibirla, así como tampoco a ningún otro organismo de DDHH, sino que debían dirigirse a Avruj.
Pudo conocer su verdadero origen gracias a distintas formas de visibilización del trabajo de Abuelas, de campañas y publicidades animando a las personas nacidas entre 1975 y 1983 que dudan de su identidad a acercarse y hacer los estudios, y también gracias a distintas políticas de Estado que se implementaron en gobiernos anteriores, como la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos en 1987, la CoNaDI en 1992, la anulación de las leyes de impunidad en el año 2003, el reinicio de juicios y el prólogo del “Nunca Más” del año 2006, escrito por Eduardo Luis Duhalde, evidenciando la identidad política de los desaparecidos y logrando que la sociedad fuese dejando atrás la Teoría de los Dos Demonios que intentaron imponer.
Contexto genético
El ADN (ácido desoxirribonucleico) es la molécula portadora de información en la célula. Está formado por una doble cadena cuyos eslabones son unidades químicas llamadas “nucleótidos”, los mismos están conformados por tres componentes: un azúcar de cinco átomos de carbono, un grupo fosfato y una base nitrogenada. La diferencia en esta última es la que permite identificarlos como A (adenina), C (citosina), G (guanina) y T (timina). En la célula humana el ADN se localiza principalmente en el núcleo, pero también existe una pequeña parte en las mitocondrias, que son unas organelas celulares encargadas de la producción de energía y cuya herencia es uniparental materna, por lo tanto todos los miembros de la misma rama materna comparten el mismo encadenamiento de nucleótidos de manera exacta. Al no contar con el padre y la madre debido a que están desaparecidos, se puede secuenciar el ADN mitocondrial con el de la abuela por línea materna. Mediante una PCR (reacción en cadena de polimerasa) se obtiene una mayor cantidad de copias de regiones específicas del ADN mitocondrial, para luego ser sometidas a la reacción de secuenciación, para la técnica llamada “secuenciación del ADN mitocondrial”.
Durante el último golpe de Estado (1976-1983) autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” hubo más de 30000 desaparecidos por su ideología política y más de 800 CCDTyE alrededor del país. Gracias a la incansable labor de las Abuelas de Plaza de Mayo se pudo restituir la identidad de 133 nietos y nietas, pero se sabe que quedan aún más de 300 por encontrar. Es nuestra obligación difundir lo sucedido y tener memoria para que no vuelva a ocurrir, sobre todo en tiempos donde desde el propio Estado se difunden videos negacionistas.