Notas | 90 años de la Guerra Civil Española: de la Segunda República a la guerra.

90 años de la Guerra Civil Española: de la Segunda República a la guerra.

El 14 de abril de 1931 fue proclamada en Madrid la Segunda República Española. Una imponente movilización en la Plaza del Sol y todas las grandes ciudades del país celebró el fin de la monarquía. Banderas tricolores ondeaban junto al canto de los trabajadores y republicanos. Lo que pocos imaginaban era que cinco años más tarde, esa bandera y esos escenarios serían testigos de una de las guerras civiles más significativas e icónicas del siglo XX. Entre 1936 y 1939 se desarrolló en España la que posiblemente haya sido la guerra civil que más marcó al mundo en el siglo XX: Dos modelos políticos antagónicos se enfrentaron a todo o nada. El mundo se movilizó y cientos de miles de hombres y mujeres españoles, y de todas partes del mundo, consideraron que allí se daba la batalla de todos los tiempos.

Los Borbones

Para el año 1931, España era una monarquía constitucional. El rey, Alfonso XIII pertenecía a la casa de los Borbones, quienes habían gobernado el reino español desde el 1700 cuando tras una guerra civil producto de la infertilidad del rey saliente, Carlos II de Habsburgo, ambas casas se enfrentaron por el dominio del trono. 

Los borbones habían salvado varias crisis que los habían alejado del poder. En 1808 fue destronado el rey Carlos IV en manos de las tropas francesas de Napoleón. En 1813, los borbones lograron recuperar el poder de la mano de Fernando VII.
En 1868 la casa de borbón, que tenía a la reina Isabel II en el trono fue destronada por una revolución que dió paso por unos seis años a diversos gobiernos con mayor o menor tinte democrático, entre los que se destaca la insaturación de la Primera República Española, que apenas logró una breve existencia entre los años 1873 y 1874.
Para ese momento se daría la segunda restauración borbónica, que abriría paso al reinado de Alfonso XII, padre de nuestro protagonista, Alfonso XIII, quien tomaría posesión del trono en 1902 con tan solo 16 años de edad.

El gobierno desde la restauración tenía la forma de una monarquía constitucional. Si bien el rey coexistió con un parlamento al cual solía pasar por encima. Los restos de lo que había dejado de ser un imperio colonial para ser un país de segundo orden mundial se cerraban para evitar cambios en su estructura, donde los pocos favorecidos eran la Iglesia Católica, la Nobleza y los terratenientes. Los partidos políticos, liderado por los conservadores y liberales, apenas lograban tener márgen de acción.
Así todo, algunas voces disidentes y que serían esenciales cuando estalló la guerra civil en 1936 comenzaban a aflorar. En 1879 se fundó el Partido Socialista Obrero Español, el PSOE. Unos años más tarde, en 1888, este mismo partido daría el empuje para que se conformara la Unión General de Trabajadores, la UGT, la gran central sindical socialista. Pero a diferencia de lo que ocurría en casi todo el mundo, los trabajadores no estaban en su mayoría en las filas del socialismo, sino que sería otra central la de mayor caudal: la mítica Confederación Nacional del Trabajo, de carácter anarquista y fundada en 1910.

Los pilares de la monarquía y el orden simbólico y social que ella supuestamente arrastraba comenzaban a entrar en crisis. En la década del ´10, sobre todo tras la crisis que significó el fin de la Gran Guerra, la movilización social dió un salto cualitativo, sobre todo de la mano de la radicalizada CNT, muy fuerte en Cataluña, Aragón y el sur del país. Las centrales obreras solían chocar en violentos encuentros con la Guardia Civil, la fuerza de seguridad española
Es en ese marco que ocurrió algo poco común: un golpe de estado avalado por la propia monarquía. Sí, la famosa dictadura de Miguel Primo de Rivera tomó el poder del parlamento en 1923 con el aval de Alfonso XIII. Primo de Rivera disolvió el parlamento y la constitución que en 1876 había acompañado la restauración borbónica. De la mano de esto vino la declaración del Estado de guerra en todo el país, junto con la clausura de todos los ámbitos de control civil y su consecuente intervención. Incluso, a pesar de haber comenzado su golpe en Barcelona, Primo de Rivera prohibió el catalán y las autonomías de aquella comunidad. Algo que sería bandera años más tarde en la guerra.

Pero si bien cumplió parte de sus cometidos, el gobierno de facto no pudo conseguir la legitimidad necesaria para sostenerse. El rey, sin dudas cómplice y participe del experimento autoritario cayó en desgracia, y con él, la imagen de la autoridad monárquica.

El rey Alfonso XIII junto a Primo de Rivera.

Caída de la monarquía

Tratando de salvar lo insalvable, Alfonso XIII desplazó a Primo de Rivera del gobierno en enero de 1930, para marcharse a París, donde murió solo dos meses más tarde.
Tomó su lugar el general Damaso Berenger, quien al poco tiempo fue sustituido por el almirante Juan Bautista Aznar, el cual cediendo a las presiones de las centrales obreras y los partidos republicanos, incluídas variantes de la derecha hartas del fracaso monárquico, convocó a elecciones municipales para el 12 de abril de 1931. 

Si bien las elecciones de 1931 no eran nacionales, sino que elegían concejales de cada municipio del país, se la tomó desde un primer momento como un “plebiscito” para la continuidad o no de la monarquía, y en caso contrario, la instauración de una nueva república en España.
Era tal el desgaste de la realeza que los jefes del ejército, el cual poseía una dimensión exagerada en España, apoyaron el llamado a las elecciones y aseguraban lealtad en caso de un triunfo republicano.

El 12 de abril se llevaron adelante las elecciones en las 50 provincias que conformaban las comunidades. Estaban habilitados a votar todos los varones mayores de 25 años. Con un padrón de 5 millones y medio de electores y una participación del 67% se realizaron las elecciones.
El resultado fue un aplastante triunfo de las listas socialistas y republicanas. Solo en 9 distritos los monárquicos pudieron imponerse, mientras cayeron en los restantes. Las horas de la monarquía parecían contadas.

El 14 de abril de 1931, a las 6 de la mañana fue proclamada la Segunda República Española en Eibar. Un festejo imparable se extendió por todo el país. El rey Alfonso XIII y su familia fueron forzados a dejar el país, lo cual hizo que esa misma tarde partieran rumbo a París.

Pero los Borbones ya habían demostrado capacidad para volver, esta vez tardarían un poco más, pero lo lograrían una vez más.


El bienio rojo

Alcalá Zamora, un ex monárquico, católico y terrateniente de la provincia de Córdoba fue elegido como el primer presidente de la flamante segunda república española. Pero el gobierno también contuvo expresiones del entonces creciente socialismo español. Dos hombres del PSOE que luego serían clave durante la guerra fueron elegidos como ministros: Indalecio Prieto como ministro de Hacienda y Francisco Largo Caballero en la cartera de trabajo.
El establishment interno e internacional veían con extremo temor el giro a la izquierda que progresivamente se daba en España. 

El gobierno provisional de la nueva Republica comenzó tomando importantes medidas a favor de diversos actores sociales hasta ese entonces olvidados por el Estado, como ser los trabajadores del campo. 

El recién creado Ministerio de Guerra fue dirigido por otro futuro protagonista, Manuel Azaña, líder del Partido Izquierda Republicana y posiblemente la figura más representativa de toda la II República. 

Azaña tomó algunas medidas que buscaban reducir el peso del ej´rcito español, el cual no solo era proclive a una restauración monárquica, sino que representaba el mayor gasto del Estado español. La vieja potencia colonial se negaba a aceptar su ruinoso presente militar. Entre las medidas que Azaña tomó una tomaría mucho sentido unos años más tarde: el cierre de la Academia General Militar de Zaragoza, dirigida por un general oriundo de Galicia: Francisco Franco.

Como podrán imaginarse las reformas en el ejército fueron poco efectivas y lo único que lograron es ir generando un creciente recelo entre sus filas contra la naciente república,

Otro sector que tenía un peso desmedido en el Estado español era la Iglesia Católica. Allí también era urgente introducir reformas y las corrientes laicas buscaban profundizar aún más la línea de reducción en pos de una separación con el Estado, tomando medidas como la sanción de la educación laica. Como no podría ser de otra forma, todo el arco católico también se puso de pie contra el nuevo gobierno y si bien no hubo un planteo anti republicano en estos comienzos, sin dudas las semillas ya estaban dando sus raíces.

Las medidas populares y reformistas de la nueva república fueron leídas como tan dramáticas por los viejos sectores de poder que Azaña solo dos meses tras su asunción ya detectaba movimientos de conspiración dentro del Ejército. 

En contracara, los trabajadores, ahora envalentonados tras el triunfo que habían logrado tumbando a la monarquía iban por más y su radicalización anti clerical con la quema de Iglesias en Madrid y el crecimiento de la anarquista CNT fueron signos de estos primeros tiempos del nuevo régimen.

De hecho, muy rápido la CNT se vió lidiando con la muerte de algunos de sus trabajadores en manos de las fuerzas de seguridad en las reiteradas represiones que sus huelgas recibían.

El 9 de diciembre de 1931 fue aprobada tras arduos debates la nueva constitución de la Segunda República Española. Una carta magna que decretaba un sistema de gobierno parlamentarista, si bien poseía dos grandes cargos ejecutivos, y de economía mixta, así mismo poseía articulos que buscaban en un breve plazo dejar de financiar a la iglesia católica, que contaba con 150.000 personas trabajando en su estructura.

Nicto Alcalá Zamora fue electo por el congreso como Presidente de la República y Manuel Azaña como jefe del nuevo gobierno. El nuevo gobierno tenía el apoyo de los socialistas, republicanos y liberales. En la otra vereda, en oposición, quedaron los partidos monárquicos, católicos y otros conservadores como el Partido Radical, de Alejandro Lerroux, de gran peso en aquel entonces. Dos polos enfrentados se estaban consolidando.

El bienio negro

1933 era la segunda gran elección que iba a decidir el futuro de la República. La gran discusión estaba entre las derechas y las izquierdas, que llegaban con el desgaste de dos difíciles años de gobierno y cientos de internas dado el debate de cómo y a qué velocidad avanzar.
Estas disputas llevaron a una drástica decisión: socialistas y republicanos acudieron separados a las urnas. Los anarquistas, obviamente, se abstuvieron.

Las elecciones ocurrieron el 19 de noviembre de 1933 y fueron las primeras elecciones en la historia de España en las cuales pudieron votar las mujeres. Como era esperable, la centro-derecha se hizo del triunfo y el presidente de la república le encargó a Lerroux, líder del partido mayoritario, la formación de un nuevo gobierno. Para ello, fue clave la incorporación al que sería quizás el partido más significativo de los dos siguientes años, la Confederación Española de Derechas Autónomas, la CEDA, conducida por Gil Robles.

Así, tras dos años de lo que fue llamado el “bienio rojo”, se abría una nueva etapa: el “bienio negro”.

El flamante gobierno, sin romper formalmente el orden constitucional y republicano, comenzaron un proceso de contrarreforma. Lo cual se expresó en la vuelta atrás de la Reforma Agraria y las medidas en defensa de los jornaleros. Lo mismo pasó con los avances que se habían generado sobre la Iglesia y el Estado.

Con la llegada de este nuevo gobierno de derechas, el PSOE entró en un proceso de radicalización, o como algunos lo señalan de “bolchevización” de la mano del crecimiento de la figura de Largo Caballero en pos de la de Indalecio Prieto. Esto llevaría a que el PSOE y la UGT se integren de lleno a la conflictividad obrero, muchas veces de la mano de la CNT y que tendría su máxima expresión en Asturias en 1934.

La revolución de 1934

El día 5 de octubre de 1934 comenzó la huelga general revolucionaria impulsada por el PSOE de Largo Caballero y la UGT.
Si bien tuvo grandes proclamas, fue un movimiento poco exitoso, muy rápidamente derrotado en Madrid y otras grandes ciudades.
El gobierno de Cataluña se montó sobre el movimiento huelguístico para declarar la independencia catalana de la mano del líder de la Generalitat, Luis Companys. Esto generó una rápida respuesta del gobierno central que tras declarar el estado de guerra y un despliegue de fuerzas represivas logró la rendición de Companys. Esto no solo llevó a la detención de este y otros líderes, sino que dió al gobierno español la excusa perfecta para anular el estatuto de autonomía de Cataluña que le otorgaba prerrogativas especiales. Los republicanos catalanes comenzaban a tomar partido en la gran disputa que dividía a España. 

Pero a pesar de estos fracasos, la huelga general tuvo una provincia donde sí logró un éxito. Entre 15 y 30 mil obreros de la UGT y la CNT, que no había participado en otras regiones, armados con fusiles y la dinamita de los mineros, lanzaron el levantamiento en Asturias.

Tras avanzar sobre algunos pueblos lograron ingresar en la capital provincial, Oviedo.
Una vez con el poder crearon una comuna, crearon su propia cuasi moneda, confiscaron los bienes del Estado y se pusieron al frente del abastecimiento y sanidad de la ciudad. 

El gobierno obviamente no perdió tiempo en reaccionar y le encomendó al mismo general que se había visto afectado dos años atrás por el avance republicano sobre el ejército, que acabara con la rebelión. Así Francisco Franco comenzó a organizar lo que sería una brutal represión.

Una semana después del comienzo de la rebelión, el 12 de Octubre, el levantamiento estaba acabado, el fracaso en el resto de España los había empujado al aislamiento total, con lo cual no tuvieron más remedio que rendirse.

Miles de obreros fueron detenidos y alrededor de mil fueron asesinados en los enfrentamientos y posteriores fusilamientos y torturas que sufrieron.

El ejército se había transformado en la gran garantía de los derechistas para ivtar la revolución social, que ahora se mostraba como un peligro real paa quienes veían conspiraciones de “rojos” por todos lados.

Las elecciones de 1936

Tras los hechos de 1934, si bien el ejército salió fortalecido, las derechas entraron en una fuerte disputa que los llevó que la CEDA y los Radicales se rompan, forzando al llamado a nuevas elecciones para febrero de 1936. Pocos sabían que serían las últimas elecciones democráticas que España tendría en más de 40 años. 

El sistema electoral español le daba un gran poder al ganador, con lo cual era indispensable la conformación de coaliciones lo más amplias posibles en pos de conseguir lo único que daba verdadera representatividad: el triunfo.

Es así como los dos grandes polos que se venían formando desde la conformación de la República se expresaron en dos grandes frentes tan irreconciliables que borraba todas las posiciones moderadas o centristas que podían llegar a contener.
Ya desde el propio comienzo de la disputa electoral ambas fuerzas planteaban un escenario apocalíptico ante el posible triunfo opositor, e incluso la posible necesidad de una guerra en caso de su propia derrota.

De un lado se conformó el Frenta Nacional Contrarrevolucionario, compuesto por la CEDA, monárquicos, carlistas y católicos, encabezada por Gil Robles. La campaña de los Nacionales tomaba un fuerte tinte fascista y ultra católico lo cual se podría reafirmar en su lema de campaña: “Dadme la mayoría absoluta y os daré una España grande”.

Del otro lado, se forjó el famoso Frente Popular, conformado por republicanos, partidos de centro e izquierda, socialistas, comunistas y el apoyo en sus regiones de los independentistas Vascos y Catalanes. Y si bien no eran parte formal de la alianza, contaban esta vez con el apoyo en las urnas de una fuerza que sería definitoria a pesar de tener en su génesis el rechazo a las elecciones: la anarquista CNT.
El Frente Popular cnformó un programa con el eje en recuperar la reforma agraria truncada en el bienio negro, la liberación de los presos de la revolución del ´34, restaurar el estatuo de autonomía catalány retomar la laicización  de la educación y el estado.Sin dudas el PSOE era el partido más grande de la coalición lo que posicionaba a su líder, Largo Caballero, apodado en aquel año como “el Lenin español” como su máxima figura, lo cual le daba un tinte aún más radicalizado de lo que ya poseía el Frente.

El día 16 de febrero se realizaron las elecciones con ambos Frentes seguros de su victoria.
Sobre un total de casi 10 millones de votos, el Frente Popular se impuso por 4 millones 650 mil votos contra 4 millones 500 mil.
Si bien la diferencia era sumamente escueta, el sistema electoral Español que buscaba un parlamento que no esté fragmentado, le daba una mayoría absoluta al Frente Popular.


Las izquierdas llegaban así nuevamente al poder. Con casi medio país en su contra y horrorizado, y con un discurso y práctica propia mucho más radicalizada que en su primer experiencia de gobierno tres años atrás.

Ni bien se supo de estos resultados y el nuevo gobierno comenzó a dar marcha a medidas como la liberación de los presos políticos de la revolución del ´34, dentro del ejército comenzó a pensarse en la opción de un levantamiento armado que ponga fin a lo que ellos veían como un terror rojo y una inminente dictadura del proletariado
El 17 de julio de 1936 las tropas marroquíes darían comienzo a un levantamiento militar contra la república que daría paso a la Guerra Civil Española.

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